Desgracia de J. M. Coetzee
Según Lupi

Cuando por primera vez cogí el libro de J. M. Coetzee entre las manos, con la foto en blanco y negro de un perro huesudo dando la espalda y el título solitariamente grande que decía Desgracia, imaginé una novela terrible. Llena de caos, pobreza, muerte y, por lo mismo, me imaginé una novela pesada. Había leído que en el 2003 Coetzee ganó el Premio Nobel, así que seguí el hype de la academia sueca y me dije ‘algo bueno debe tener’. Es así como me puse a leer esta novela con aquel fatal título en pleno verano, con un soleado y feliz cielo azul sobre mi cabeza.
Un perro siempre aceptará una justicia de esa clase: por destrozar un objeto, una paliza. El deseo, en cambio, es harina de otro costal. Ningún animal aceptará esa justicia, es decir, que se le castigue por ceder a su instinto.
A las pocas páginas me di cuenta que mi impresión era errónea. Sí, se tratan temas grandes, temas pesados, como el apartheid, el racismo, el deseo, la vejez, la justicia, el sentido de la vida, pero todo esto nos es mostrado como un líquido translúcido que empapa hechos contundentes en la vida de los personajes. Algo inefable pero innegable. Algo pasa. Nos damos cuenta porque lo sentimos.
Lo que pensé sería un libro poco accesible y complejo, resultó ser un libro dinámico, simbólico, tan directo como desgarrador en su lenguaje y, sí, complejo, pero a la vez simple. Como un camino claro por el que entras confiado hasta encontrarte en medio de un bosque sin salida. Al terminar de leer Desgracia me quedó la sensación de haber vivido, tan fluida como profundamente, cincuenta y dos años en el pellejo de un hombre con cada vez menos certezas entre las manos. Cincuenta y dos años comprimidos en Sudáfrica a través de los ojos de David Lurie, el protagonista. Un profesor universitario que se ve marginado y decide dejar Ciudad del Cabo y refugiarse en la casa de su hija, Lucy, en el campo en Sudáfrica.
Ese es su temperamento. Su temperamento ya no va a cambiar: es demasiado viejo. Su temperamento ya está cuajado, es inamovible. Primero el cráneo, luego el temperamento: las dos partes más duras del cuerpo. (p. 8 )
Es común encontrar ensayos que empiecen con la definición del término que se pretende estudiar, en la esperanza de que dé luces sobre lo que efectivamente significa algo. A mí parecer, el título Desgracia hace las veces de este término que engloba, que define el contenido de la novela. Como un disparo fuerte y claro, resume el trasfondo de esta historia como la primera acepción que el diccionario de la lengua española da para desgracia: suerte adversa. Suerte adversa. Una casualidad que siempre va en tu contra. Algo fuera de tu control que siempre te empujará hacia el lado que intentas inútilmente esquivar. Una fuerza que te empuja hacia abajo, un lugar donde solo los perros van a morir.
Leí esta novela en verano, pero el sol sobre mí lo sentí como de Sudáfrica, y las cosas fútiles que me rodeaban perdieron sonido ante algunos de los momentos más conmovedores de esta novela. Y me di cuenta de que si alguien se gana un Nobel, es porque piedras trae. En este caso, un libro que narra la vida de David Lurie. Un camino que comienza en un equilibrio estático, rutinario y mediocre, y que va cuesta abajo hasta terminar en un estado digno de una foto en blanco y negro de un perro huesudo dando la espalda y un título solitariamente grande que reza la palabra Desgracia. Por el mismo motivo, sé que al ver este libro en un estante, muchas personas lo pasarían de largo, por eso no puedo sino sumarme a las voces de las personas que han leído esta novela y la recomiendan con entusiasmo y estremecimiento en los ojos, como si recordaran haber visto por un momento un poco de verdad.
Título original: Disgrace
Autor: J. M. Coetzee
Año de publicación: 1999




Me parece muy buena idea tener un blog para poder saber que libro puedes leer, y he leido el comentario de desgracia y quiero aprovechar el verano, leerlo y sentir lo q transmites en tu reseña.
no soy muy afin a los libros muy dramaticos, pero con ese parrafo que pusiste me doy cuenta, que genio que es ese pata, ese parrafo vale por un capitulo, graciar por el dato!
lupe prestame el libro, yo tb quiero leerlo
Desgracia puede transmitir todo eso que está en el diccionario, pero a partir de algo así puede venir algo nuevo.
Muy buena tu reseña.
WoooooW! ya lo quiero leer! me diste ganas.