Requiem: una alucinación de Antonio Tabucchi
según Lupi

“Hijo, me dijo la vieja, escucha, así no puedes continuar, tú no puedes vivir en dos lados, el lado de la realidad y el lado del sueño, eso provoca alucinaciones, eres como un sonámbulo que atraviesa un paisaje con los brazos extendidos y todo aquello que tocas pasa a formar parte de tu sueño.” (p. 28)
Llegué a Réquiem: una alucinación por una clase. El profesor, Abelardo Sánchez León, Balo para los menos, macheteador inmisericorde (pero justo) para los más, nos había dado la opción de escoger entre una lista de libros o crónicas para realizar nuestro examen final. Yo escogí Réquiem de Tabucchi o, para ser más exactos, el Réquiem que escribe Tabucchi en homenaje a Portugal, ese país que lo acogió tan cálidamente siendo él italiano, razón por la cual escribió este libro en portugués.
Desde las primeras páginas, Tabucchi no se molesta en llevar al lector de la mano a través de los recuerdos del protagonista, solo se limita a hacerlo presenciar sus fantasmas quizás desde el mismo sillón desde donde él los delinea: desde el completo desconcierto de sus recuerdos y desde el profundo afecto que siente por Portugal. Un mundo de fantasmas, tanto personales como colectivos, el Inconsciente del protagonista, o mejor dicho, el alma de Portugal entera reflejada en el camino de este personaje.
Réquiem tiene lugar en un tórrido último domingo de julio, día en que el protagonista aterriza como por un sueño a Lisboa, con el fin de encontrarse a medianoche con su Invitado: Fernando Pessoa. A lo largo del día, sin embargo, se encontrará cara a cara con los protagonistas de su pasado en Portugal, buscando aclarar una duda que lo carcome.
El insoportable calor ahuyenta a todos los habitantes de Lisboa hacia las playas. Bueno, a casi todos. Aún hay gente que permanece en las calles desiertas, indiferentes a la temperatura, ellos se quedan allí, viviendo: El Lotero Cojo, el Pintor Copista, La mujer del señor Casimiro, el Vendedor de Historias… Imágenes más que estereotipos, personas más que personajes, que se niegan a dejar Portugal cuales raíces al suelo, pues sin ellos, Portugal dejaría de ser Portugal; a pesar de que sus calles están desoladas, a pesar de que la gran masa de sus habitantes se encuentra fuera de ella. No hay nombres verdaderos, sino más bien, personas verdaderas. Personajes anónimos, pero con una identidad a gritos. Gritos que gritan Portugal. Así como la comida y los lugares, cuyos nombres musicales repercuten en el oído, haciendo que la lengua imagine los sabores, y los ojos el clima y los rostros de los personajes.
La feijoada, las migas sargalheta, los papos de anjos de Mirandela, el Janelas Verdes’ Dream… son degustadas en un escenario casi móvil, laberíntico y fantasmal a la vez. La Pensión Isadora, el Museo de Arte Antiguo, la Casa del Alentejo… son los espacios por donde el protagonista se moviliza durante todo aquel domingo, en su búsqueda por el pasado que lo une con Portugal, haciendo tiempo comiendo comidas típicas, hablando con Barmans, yendo en taxis, caminando por cementerios. Diferentes recuerdos, diferentes realidades, que Tabucchi ha sabido entretejer de una manera excepcional, haciéndonos sentir la presencia de ese país como un respiro en la nuca, una calidez y una proximidad tan abrumadora como el calor que invade al protagonista.
“Sépalo de una vez, dijo, yo no soy honesto en el sentido que usted le da a esa palabra, mis emociones las siento sólo a través de la ficción verdadera, considero ese tipo de honestidad del que me habla una forma de pobreza, fingir es la verdad suprema, es una convicción que tuve siempre. (p. 130)
En Réquiem, ni los recuerdos recuerdan lo que pasó, pues ya no importa el pasado. La muerte cede paso a la vida, de la misma manera en que Tadeus devora con fruición el sarrabulho al modo de Douro, olvidando aclarar la duda del protagonista que lo come por dentro, pues, ¿acaso importa ya? Así como no importa tanto la meta como el recorrido, así como no importa tanto encontrar la verdad como disfrutar de la comida del día, lo que el protagonista parece recordar al dedillo es Portugal. Su gente, sus comidas, sus olores, su calidez. Una Portugal que palpita dentro del protagonista hasta hacerlo sudar. Una Portugal que se abre camino haciendo relucir la vida que lleva dentro hasta, a veces, opacar el motivo principal de la búsqueda del protagonista: su pasado, la verdad, la muerte y la poesía. Dudas que quizás sin saberlo han sido ya respondidas por la presencia de Portugal misma.
Cuando terminé de leer Réquiem: una alucinación, me dio la sensación de que las imágenes de este país me acompañarían hasta que viaje a Lisboa y probara su comida y camine por sus calles y sude el mismo sudor de los personajes de Tabucchi: fantasmas. Réquiem es un canto vivo, muerto, alucinado de Portugal. Un recuerdo que rememora a través del tiempo que lo destiñe todo, una brecha insalvable que Tabucchi intenta cerrar mediante una alucinación.
Mi trabajo sobre el libro obtuvo una buena calificación y alentadores comentarios del profesor, pero desde eso, desde que leí Réquiem y escribí mi examen final, ya ha pasado mucho tiempo. Ahora, cuando trato de recordar el argumento, los personajes, la historia de Réquiem, invariablemente recuerdo a Portugal.
Título original: Requiem. Uma Aluicinaçao
Autor: Antonio Tabucchi (1943-)
Año de publicación: 1992
144 páginas en Anagrama Compactos 151, segunda edición, 1998




Es bastante visual la descripcion del libro. Da ganas de pasear por Portugal con una camiseta de su seleccion de futbol asi no seas fanatico pensando si es mejor decidirse por la imaginacion o la realidad aunque en ese caso no sean tan buenos los extremos. Al final todo es decisiones. Me gusto haber leido esto en un dia soleado
La verdad es que la literatura portuguesa, como reflejo de un país, siempre le depara a uno sorpresas. Como los libros de Pessoa, Lobo Antunes y Saramago.
Amiguita, si te gusta este libro, te recomiendo que leas Sostiene Pereira