Manual de homicido para prostitutas y escritores

Putas Asesinas de Roberto Bolaño
según Lupi

(…) y la literatura era un vasto campo minado en donde todos eran mis enemigos, salvo algunos clásicos (y no todos), y yo cada día tenía que pasear por ese campo minado, apoyándome únicamente en los poemas de Arquíloco, y dar un paso en falso hubiera sido fatal. Esto les pasa a todos los escritores jóvenes. Hay un momento en que no tienes nada en que apoyarte, ni amigos, ni mucho menos maestros, ni hay nadie que te tienda la mano, las publicaciones, los premios, las becas, son para los otros, los que han dicho “sí, señor”, repetidas veces, o los que han alabado a los mandarines de la literatura, una horda inacabable cuya única virtud es su sentido policial de la vida, a esos nada se les escapa, nada perdonan. (p. 218)

Un amigo me dijo que a los libros les gusta que los maltraten. Que los ensucien. Que los arruguen. Que doblen sus páginas y escriban sobre ellos. Al oír esto, yo casi lo maltrato a él. Sé que los libros no son los libros. Que, en realidad, éstos no están en ningún lado y a su vez están en todos lados. Pero de ahí a maltratar el rectángulo de hojas en donde se materializan, hay un largo trecho, pensé.

Al terminar de leer Putas asesinas, sin embargo, me di cuenta para mi sorpresa que el libro parecía maltratado. Como cicatrices, como líneas de expresión, la carátula tiene las líneas de los dobleces que sufrió dentro de mi bolso verde. Las esquinas no definidas de tanto guardarlo y sacarlo para leerlo en mis viajes en el micro. Pero el libro no está maltratado. Tampoco fue usado, utilizado o manoseado. El libro me acompañó, como también los personajes en él. Solo que acompañarme en mi bolso trae algunos riesgos.

Cada vez que terminaba de leer uno de los cuentos y miraba por la ventana del microbús, pensaba que las personas que trae consigo Bolaño quizás también sufrieran algún tipo de riesgo. Sus amigos, su generación, la política, las creencias, el desencanto que tiñe los lugares en donde debería existir la estupefacción ante una realidad perdida y la nostalgia de lo que no fue. Los personajes de Bolaño corren el riesgo de ser plasmados tal y como son en el más grisáceo de los días. No en días soleados y optimistas, ni en días negros y apocalípticos, sino en un día cualquiera, ya que todos los días parecen ser grises para ellos. Así como el acontecimiento más alucinante pasa a ser trivial y el acontecimiento más trivial pasa a ser alucinante, todo parece tener sentido si se amolda a los cuadrados pequeños del calendario. Uno tras otro, siempre iguales e infinitos. Como las calles que siempre veo pasar por la ventana del microbús, pensé, o como las hojas del libro que me acompañó durante esos viajes.

Uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto. (p.194)

Mi libro ahora está en manos de una amiga, a quien se lo presté, y apuesto que ahora ella ve su carátula doblada y sus esquinas no bien definidas, y piensa que es ya inútil pretender forrarlo para protegerlo; y lo abre, y lo lee como se lee cualquier libro en el día más grisáceo y alucinante del calendario.

Título original: Putas asesinas
Autor: Roberto Bolaño (1953-2003)
Año de publicación: 2001
225 páginas en Anagrama Compactos 377, segunda edición, 2006

4 Respuestas a “Manual de homicido para prostitutas y escritores”


  1. 1 miki Septiembre 18, 2007 a las 1:19 am

    pucha, qué mal que no forres tus libros ahh

  2. 2 Joaquin Septiembre 18, 2007 a las 2:01 pm

    Eres la proxima Bolaño

  3. 3 cynthia Septiembre 18, 2007 a las 6:24 pm

    esa lupi!
    quien era tu amigo ah?
    lo hubieras maltratado para q vea lo q se siente
    jajaja

    tu groupie
    Cynthia ^^

  4. 4 NEBULOSA Febrero 29, 2008 a las 12:23 am

    Buen gusto Guadalupe!…que pequeño es el ciber espacio…ahora te conozco en esta faceta de blogera así que olvidaré la de correctora de estilo.
    Saludos
    NEBU


Escribe un comentario